Gaspare Tagliacozzi, el médico renacentista precursor de la rinoplastia

01 Septiembre 2017 - Publicado en Blog ¿Sabías qué?

tagliacozzi 3El italiano Gaspare Tagliacozzi es uno de los pioneros de la Cirugía Plástica; en concreto, de la rinoplastia. Nació en 1546 en Bolonia, una ciudad que ya por entonces tenía una larga tradición universitaria. A su Universidad entró precisamente en 1565 para hacerse médico. Allí estudió a autores clásicos como Avicena, Maimónides, Hipócrates y Galeno, al tiempo que, como buen hombre del Renacimiento, se formaba en otras muchas disciplinas, como Filosofía natural y moral, Astronomía, Humanidades, Lógica y Teología.

Sus maestros en el campo de la Cirugía fueron Aranzio, Aldrovandi y Cardano, cuya fama se extendía por toda Europa, sobre todo por sus profundos conocimientos de Anatomía. El ejemplo de los tres, su curiosidad y su ruptura con la tradición estimularon enormemente al joven estudiante, que acabó su formación en 1570 y se convirtió, a su vez, en un destacado profesor.

En 1575, Tagliacozzi participó, por ejemplo, en la preparación del “Teriaco”, un fármaco que se hizo muy popular en la época porque, compuesto por 63 elementos distintos, serpientes incluidas, proporcionaba unos supuestos poderes curativos extraordinarios. Lo que no se sabe es cómo se inició su interés en la Cirugía Plástica aplicada a la nariz.

La corrección quirúrgica de esta parte de la cara se practicaba ya en Sicilia, donde usaban tejidos obtenidos de zonas anexas a la nariz, y Calabria, donde empleaban piel del brazo. Procedimientos similares se habían realizado muchos siglos atrás en la India, país en el que la amputación nasal era un castigo corporal relativamente frecuente, y es probable que los conocimientos desarrollados allí fueran transmitidos por los árabes hasta Sicilia.

Las intervenciones sicilianas y calabresas gozaban, sin embargo, de poco crédito científico y dejaban secuelas muy dolorosas. Tagliacozzi decidió ahondar en la materia, aprovechando que su maestro Aranzio había practicado alguna rinoplastia, si bien no dejó nada publicado al respecto y sus contribuciones quedaron relegadas al ámbito de la anatomía. El interés en la cirugía de la nariz es comprensible teniendo en cuenta las numerosas heridas que se producían en ella por arma blanca, las mutilaciones nasales que se realizaban como castigo a la violación de determinadas leyes y los estragos que hacía la sífilis.

Tras muchos años de investigación e intervenciones quirúrgicas, Tagliacozzi publicó en 1597 “De curtorum chirurgia per insitionem” en dos volúmenes. El texto se inicia con el análisis de las cualidades estéticas de la cara, citando numerosos ejemplos históricos de la terrible deformación que produce la mutilación nasal e insistiendo en la obligación del cirujano de corregirla con procedimientos que minimicen el dolor.

libro tagliacozzi

El profesor boloñés abunda en detalles, desde la estación del año más adecuada para llevar a cabo la operación en cada paciente hasta los fórceps y cuchillos a utilizar e, incluso, las características y el comportamiento de los ayudantes, que deben permanecer en silencio mientras el maestro los dirige con gestos. Apoyándose en excelentes ilustraciones, explica cómo tomar un modelo de la porción faltante de la nariz, dibujarlo en la cara anterior del brazo y hacer dos incisiones longitudinales paralelas, completadas dos semanas más tarde con una tercera incisión, que une los cortes paralelos para dejar un colgajo unido al brazo por uno de sus extremos.

Algunas semanas más tarde, de acuerdo con la técnica de Tagliacozzi, el cirujano reaviva la herida de la nariz e implanta el colgajo sobre ella, suturándolo a los bordes de la herida. Para la fijación del brazo a la cara, se ayuda de un sastre, que fabrica un arnés a medida. Entre 15 y 20 días después, secciona el pedículo y separa el brazo de la nariz, ahora cubierta por la piel trasplantada. Posteriormente, la nueva nariz se modela con un ingenioso mecanismo de cordeles y anillos para lograr el objetivo estético perseguido.

El procedimiento descrito en “De curtorum chirurgia per insitionem”, que fue un éxito editorial no sólo en Italia sino en otros muchos países, termina con una última operación, en la que se fija el extremo libre del trasplante a la parte baja de la nariz, formando la columela y las alas nasales. Es un proceso que, completo, dura entre tres y cinco meses, si bien el texto recomienda que el paciente utilice durante dos años unos conformadores en los orificios nasales. Y, aunque acepta que pueda hacerse el trasplante de una persona a otra, lo descarta por los problemas prácticos de mantener a dos individuos unidos e inmovilizados durante semanas.

Tagliacozzi murió en Bolonia en 1599 y fue enterrado, de acuerdo con sus deseos, en la iglesia del Convento de San Juan Bautista. Unos meses después, una de las religiosas del convento escuchó voces durante la noche y se lo comunicó a sus superiores, quienes asumieron que eran voces procedentes del más allá porque el difunto y famoso cirujano, al restaurar órganos destruidos, había violado las leyes de la naturaleza.

El Santo Oficio tomó cartas en el asunto y el cadáver fue desenterrado y llevado fuera de las murallas de la ciudad mientras se llevaban a cabo las investigaciones necesarias. Sin embargo, en pleno Renacimiento, con el poder de la Iglesia cada vez más en entredicho, numerosos contemporáneos ilustres de Tagliacozzi reaccionaron y consiguieron que sus restos volvieran al convento. Por desgracia, el transcurso del tiempo y las vicisitudes de las numerosas guerras posteriores hicieron que su tumba se perdiera para siempre.

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